Sí, me creo mejor
Verás.
Ayer te conté una historia con una chica en el paki de mi pueblo.
La de hoy es otra.
Llamémosla P.
Quedamos a tomar algo a las 21h y nada más verme me analizó de arriba a abajo como si fuera un escáner de aeropuerto.
La chica era de pocas palabras. Digamos que quería que la entretuvieran.
Así que hablé yo.
Como el 70% del tiempo.
Y no me importó.
Al revés.
Me gusta así. Me gusta poder llevar la conversación, marcar el ritmo y hacer lo que me dé la gana sin estar pendiente de agradar ni improvisar cada frase.
La cosa acabó en mi casa.
Y ahí, después de un rato, me suelta de golpe:
—Oye, eres un poco altivo, ¿no? Parece que te creas que sabes más que los demás.
Me quedé mirándola.
Y le dije lo que pienso, porque la falsa humildad me da ganas de potar:
—A ver. Pues sí.
Obvio.
Si yo sé cortar el pelo y otro no, soy mejor que él con las tijeras.
Si yo levanto 100 kilos y otro levanta 20, soy más fuerte que él.
Y si tengo un trabajo en el que curro la mitad y gano el doble que la mayoría, pues sí, estoy en una situación mejor.
Sobre todo porque me lo he trabajado yo.
A mí no me ha venido ningún político ni ninguna figura pública a salvarme el culo.
A la gente le encanta ir de “todos somos iguales”.
A mí ese discurso me da asco.
P. se quedó un poco a cuadros, pero intentó darme la vuelta por otro lado:
—Ya, pero es que lo analizas todo demasiado. Le quitas la magia. Además, tío, que te dedicas a lo que te dedicas...
Y ahí, antes de acobardarme o pedir perdón por usar el cerebro (que es lo que hacen los hombres que luego no ligan), señalé a mi perro.
Estaba dormido en su regazo.
Un chihuahua diminuto que pesa menos que un paquete de arroz.
—Claro que lo analizo todo.
Mira a mi perro. Tiene un dedo de frente, pero cuando cae una hoja de un árbol la analiza, calcula si es una amenaza y se aparta.
Si un animal con el cerebro de una nuez analiza cualquier cosa para sobrevivir...
¿Qué te hace pensar que tú y yo no deberíamos hacerlo cuando hablamos con una mujer o llevamos una conversación?
Se quedó callada.
Luego me confesó que usa ChatGPT para todo.
Para el trabajo.
Para dudas existenciales.
Para saber qué contestarle a un chico.
Para todo.
Le pregunté:
—¿Sabes lo que es el modo “Roast Me”?
Se lo puse en su móvil.
Si sabes lo que hace, ya sabes la cara que se le quedó.
Y si no, imagínatelo, porque ahí se acabó la tontería de la “magia” y la “naturalidad”.
La conclusión es sencilla:
La naturalidad es la excusa de los vagos.
O analizas, tienes un plan y llevas el control…
O improvisas y te conviertes en la hoja que se lleva el viento.
Por eso grabé un vídeo corto (7 minutos y 31 segundos).
No para motivarte.
No para soltarte frases bonitas.
Sino para enseñarte un caso real y el mensaje exacto que usé para recuperar una conversación muerta y volver a tener el control sin arrastrarme.
Si quieres dejar de fingir falsa humildad y empezar a tener resultados reales al ligar, empieza por dejar de improvisar.
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